La normalidad es un equilibrista sobre el abismo de la anormalidad. ¡Cuántas ocultas demencias contiene el orden cotidiano!
Con esta cita de Witold Gombrowicz (y con Gombrowicz en general) me gustaría empezar la vida de este blog. Después de sumergirme un poco en la obra de Witoldo, creo que era un hombre que conocía – y controlaba – muy bien el arte del equilibrio. Un polaco viviendo en Argentina, intentando ‘aparecer’ en la escena literaria hispanoamericana, traduciendo su Ferdydurke en un bar, sin saber muy bien el idioma (porque aún no existían diccionarios)… Este hombre que, para sobrevivir, muy a menudo buscaba ayuda de sus amigos, al mismo momento se presentaba como un conde. La vida de Gombrowicz no fue fácil y su obra refleja muy bien toda la problemática de un intelectual expatriado que, en un momento tan complicado como la Segunda Guerra Mundial habló del individuo, del peso del patriotismo y enumeraba las ventajas del exilio.
Su obra más conocida, esa que estuvo traduciendo en el Rex, publicada en el año 1937 en Polonia y en el 1947 en la Argentina, muestra la fuerza que actúa en nuestras vidas: la Inmadurez. Es la Inmadurez que influye en nuestra Forma y nos pone máscaras que cambiamos según la situación. La vida humana presentada, pues, en las páginas de Gombrowicz está muy lejos de la normalidad. El absurdo, la grotesca, el erotismo y, en toda esa amalgama, un ser, un individuo que está perdido, inmaduro, inseguro y continuamente metido en diversas situaciones que no le importan o que no entiende (la cuestión que aumenta aún más su problema con la identidad).
Aparte de Ferdydurke hay, obviamente, otros títulos. Trans-Atlántico, por ejemplo,es donde uno puede realmente apreciar la actitud adversa de Gombrowicz hacia la sola idea de la patria, la tradición, el deber, el patriotismo en sí. El hombre gombrowicziano está implicado en todo ello – muy a menudo – contra sí mismo y se encuentra un poco entre la espada y la pared. Le resulta difícil oponerse al patriotismo y, al mismo tiempo, no quiere formar parte de ello, intenta buscar su propio estilo de ser y estar, en su propio espacio. En fin, la libertad no es tan plena como uno suele pensar. La juventud es el objeto de lucha entre la tradición y el deseo.
La lucha continua ʺGombrowicz vs. el mundoʺ se desarrolla también en las páginas de su Diario. El papel está empapado de las ideas, dudas y preguntas (muy a menudo burladoras y negativas) sobre la filosofía, sobre la vida y esa apasionada búsqueda de nosotros mismos. El punto de vista del conde Gombrowicz resulta bastante interesante porque sigue actual, plantea preguntas que inquietan también a la gente del siglo XXI, del año 2020. Seamos sinceros, ¿quién de nosotros está libre de esos pensamientos intensos sobre la Forma, la Inmadurez? ¿Hay alguien que nunca pone máscaras, nunca cambia su cara, nunca tiene ganas de rechazar la visión del mundo que se nos inculca desde pequeños…?