Hoy, el último viernes de febrero, quiero empezar con el ciclo Viernes de Poesía. La idea es parar un momento (como si fuera la meditación) y fijarnos un poquito más en los versos y estrofas, en las ideas y en los sentimientos que representan.
Cuando reviso mi pequeña biblioteca personal, me doy cuenta de que la poesía prevalece. Eso sí, es mi biblioteca española. Creo que en Polonia tengo mucho más versos en prosa: parece que, a veces, un extranjero encuentra más consuelo y más tranquilidad en lírica.
El primer poeta que realmente me atrapó – dejando al lado a los clásicos como Mickiewicz o Słowacki, cuya obra se antepone en la escuela – era Adam Asnyk. Descubrí en su poesía una energía especial, única, que me abrazaba. Hasta aprendí de memoria unos de sus poemas y pedí a una amiga que me regalase su poemario para mi cumple. Así que sí, un amor adolescente muy intenso 🙂
Asnyk vivió en unos tiempos bastante complicados, tomó parte en el Levantamiento de Enero, luchó tanto con la espada, como con la pluma.
Me parece que su poesía todavía no ha llegado al lector hispanohablante o, por lo menos, en mi búsqueda no apareció ningún dato válido…
¡Pero dejemos al lado el desasosiego, queridos hispanohablantes!
Por suerte, hay poetas de Polonia cuyos versos se puede leer en castellano. Para hoy he elegido a una poetisa muy conocida y muy importante para la literatura polaca. Aquí os presento la ganadora del Premio Nobel de Literatura del año 1996: ¡Wisława Szymborska!
En el caso de Szymborska es fácil encontrar los poemas traducidos a otros idiomas. Me considero bastante felíz por tener en mi biblioteca una edición bilingüe (que, en cuanto a la poesía, me encanta) que compré para San Jordi el año pasado.
Ahora bien, ¿por qué Wisława Szymborska?
Porque sus poemas, aunque muchas veces parecen muy simples, tratan de lo esencial, de la vida cotidiana, de la irónica realidad humana, de los tiempos en los que nos ha tocado vivir. Debajo de este lenguaje casi infantil, uno sin embargo puede encontrar mucho trabajo, mucha técnica, juegos con palabras…
Mucha incertidumbre existencial asoma de sus páginas y de sus versos, las preguntas sin respuestas, los momentos de pura felicidad y exalatación y, también, de la desesperación total. En fin, el pan nuestro de cada día.
Sus poemas, tan simples, llegan hasta las más pequeñas células. Nos señalan cuestiones que nos rodean, pero en las que nunca realmente nos fijamos. Es como si fuéramos niños otra vez y escucháramos a nuestras madres explicándonos las cuestiones básicas sobre el mundo y la vida.
Nada dos veces
Nada sucede dos veces
ni va a suceder, por eso
sin experiencia nacemos,
sin rutina moriremos.
En esta escuela del mundo
ni siendo malos alumnos
repetiremos un año,
un invierno, un verano.
No es el mismo ningún día,
no hay dos noches parecidas,
igual mirada en los ojos,
dos besos que se repitan.
Ayer mientras que tu nombre
en voz alta pronunciaban
sentí como si una rosa
cayera por la ventana.
Ahora que estamos juntos,
vuelvo la cara hacia el muro.
¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?
¿Como una flor o una piedra?
Dime por qué, mala hora,
con miedo inútil te mezclas.
Eres y por eso pasas.
Pasas, por eso eres bella.
Medio abrazados, sonrientes,
buscaremos la cordura,
aun siendo tan diferentes
cual dos gotas de agua pura.

Las tres palabras más extrañas 
En el parque
