El nombre de la rosa

Hay muchísimas cosas que me gustaría escribir sobre este libro pero me limito a las emociones más intensas que despertó en mí la historia de Adso y de Guillermo de Baskerville. Creo que me ha impactado mucho más que lo esperaba. Normalmente no soy muy de novela policíaca pero lo que sí me gusta es el misterio, los libros perdidos y las bibliotecas que guardan secretos.

Tengo que reconocer que habían fragmentos que me costaron mucho, sobre todo las enumeraciones: los santos, las bestias, etc. La visión de Adso, por ejemplo, me mareó un poco. Por otro lado, es fascinante la descripción de los lugares que dibuja Eco: el plano de la biblioteca, las salas con sus salidas y entradas… Aunque agradezco mucho el esquema adjunto, porque mi imaginación me falló cuando intenté recrear el mapa en mi cabeza 😉 También me robó el corazón el capítulo que habla del amor como si fuera una enfermedad. Diría que es lo más bonito que he leído esa cuarentena.

El nombre de la rosa toca todas las emociones – esas buenas y malas también. Las cuestiones relgiosas y, sobre todo, el personaje de Jorge de Burgos con sus monólogos sobre Anticristo despertaban en mí el odio puro, de verdad. Leía sobre los conflictos entre los monjes, diferentes modos de ver la herejía, discusiones sobre maneras de creer  y pensaba en todo el mal que salió de los monasterios y de la iglesia en general.

Terminando el libro, me sentí un poco apagada, melancólica quizás, privada de algo bonito, de algo importante. Era esa sensación de  “quiero olvidar lo que acabo de leer para poder leerlo otra vez y con la misma conmoción”. Releí el último fragmento un par de veces para asegurarme de que ya había llegado el final y que Adso  terminó su crónica.

No sé cómo y en qué momento exactamente pero El nombre de la rosa me enamoró. Y será el amor duradero, de eso no tengo la menor duda.

¿Alguien más por aquí comparte mi fascinación?
¡Espero vuestros comentarios!

La situación kafkiana

La transformación/La metamorfosis

Nunca es facíl hablar sobre los clásicos y menos aún si nos acercamos a los más aclamados y generalmente conocidos. Kafka y sus obras forman parte de la cumbre de la literatura mundial por los temas que abarca y los personajes que representa. Se trata de un individuo que, atrapado en una sociedad, en una lucha conflictiva con una instancia no es capaz de llevar a cabo sus propios proyectos. Es como si fuera un mero espectador, impotente y solitario.

Un día Samsa se despierta y ya no es él mismo. Intenta levantarse como si no hubiera pasado nada, seguir con la vida pero le resulta imposible. Ya no es útil, la socieda lo nota y, por lo tanto, le rechaza. Samsa, en su nuevo estado, ya no es productivo, no puede cumplir con sus obligaciones. Estorba en la vida perfecta de la socieda perfecta. El rechazo es inevitable y no solo por la parte del colectivo, sino también por la parte de su propia familia que siente vergüenza al vivir bajo el mismo techo con un bicho raro.

Siendo sincera, la obra de Kafka no me fascinó tanto como lo esperaba. Creo que es una metáfora de la sociedad muy acertada y que se la puede considerar un fondo para hablar de muchas cuestiones que necesitan nuestra atención. Tal vez me faltó más oposición por la parte de Samsa, la simple intención de imponerse.

Sin duda, es un libro interesante, que vale la pena leer. Kafka ayuda en cuestionarse muchas cosas, en preguntar, poner en duda… Visibiliza también la fuerte posición de las apariencias y la dificultad en luchar contra ellas.

Ana Karenina, una mujer luchadora

Atravesando las páginas de Ana Karenina estuve buscando similitudes y diferencias entre los tiempos de Tolstói y los nuestros. Porque las hay, por suerte o por desgracia. Tolstói hace un retrato minucioso de la burguesía rusa, de las costumbres y de la vida que llevan. Algunos pasajes me resultaron muy difíciles para leer: el machismo, la hipocresía, la inmoralidad, las cuestiones religiosas que mandan e influyen en cada ámbito, la falta general de razonar y de comunicarse. Y todo eso, más que nada, porque muchas veces, observando nuestra sociedad me da la impresión que no ha cambiado nada. 

La triste historia del amor que no pudo ser y que desde el primer momento está condenada al fracaso demuestra que ni siquiera el sentimiento en el estado más puro nos puede salvar de las severas reglas de la sociedad. Por otro lado, también subraya la necesidad de luchar por su propia felicidad, de ir en contra de la corriente y de rebelarse porque, por mucho que tengamos que pagar, vale la pena.

En el mundo de Ana Karenina, como ya sabemos, a la mujer generalmente se la considera la propiedad de la familia. Debería ser una persona educada, tranquila, obediente, religiosa y evitar los escándalos. Esto es, una buena hija, una buena esposa y una buena madre. Por otro lado tenemos a la figura del hombre. Aquí la situación es un poco menos rígida (y Tolstói lo comenta ya en las primeras páginas). La vida de un marido es bastante atrevida y desvergonzada. No hay que buscar lejos: el hermano de Ana, siendo un padre de la familia, no puede evitar tener a una amante.  Es algo que no solamente se sabe, sino también que – en algún modo – se acepta. La mujer, en casos extremos, también podría tener unos ‘amigos’, no obstante, no debería en ningún momento manifestar su relación extramatrimonial.

La verdadera tragedia de Ana es querer tener una vida feliz, junto con un hombre elegido por ella y no por su familia. La mujer toma las decisiones que, en los ojos de la sociedad en la que vive, equivalen a cometer un pecado, la presentan como una mala mujer y, a veces, hasta Ana llega a verse como tal.

Soy una mala mujer, una mujer caída, pensaba Ana, pero no me gusta mentir y no puedo con la mentira. ¡Y mi marido se alimenta de ella! Lo sabe todo, lo adivina todo… ¿Cómo puede, pues, hablar con tanta tranquilidad? Si me hubiese matado o matado a Vronsky, le apreciaría. Pero no. No le interesan más que la mentira y las apariencias.

Ana Karenina, Leon Tolstói

Empecé a leer la novela porque llevaba mucho tiempo en mi lista y, como la cuarentena me encerró en casa, por fin encontré el momento perfecto. Devoré el primer tomo rápidamente y seguí con el segundo pensando muchísimo en los sentimientos de la protagonista, en sus decisiones, en su amor, su locura y, finalmente, en su último paso que Tolstói anunció ya en los primeros capítulos. A veces me ponía muy nerviosa, es cierto. A veces me cansaba – tanto como cansaba a Vronsky – con sus insinuaciones y provocaciones. Pero, en aquellos momentos, pensaba más en su soledad, en su lucha interior, en su gran fuerza y en el ostracismo que sufre. Ana quiere ser libre, quiere poder decidir sobre su amor y sobre su vida lo que, en mis ojos y, sobre todo, pensando en los tiempos en los que vive, la convierte en una protagonista feminista.

Un valle de lágrimas: felicidad según Schopenhauer

La felicidad, ¿qué es exactamente y cómo conseguirla? Arthur Schopenhauer dice que la felicidad absoluta es imposible de alcanzar pero… nos deja unas reglas que, bien aplicadas, pueden hacer nuestra vida menos dolorosa y menos aburrida.

Me compré ese libro en la Feria de Libros en Madrid el año pasado. Fue un momento importante en mi vida: cambié la ciudad y el trabajo, estaba a punto de empezar una nueva etapa. Necesitaba una señal del universo, quería hacer el primero paso respaldada, segura y en fin, bien acompañada. Schopenhauer siempre me he llamado la atención, por eso al ver El arte de ser feliz no dudé ni un minuto.

La edición es preciosa: Nórdica Libros nunca falla. La calidad de papel, la portada, los colores que usan… todo muy cuidado, hasta el más mínimo detalle. Las páginas huelen a tinta. Las ilustraciones reflejan perfectamente las ideas de Schopenhauer y lo hacen de una manera muy sencilla y evidente. Hasta concentrándose solamente en la parte gráfica, uno es capaz de entender las reglas de buena vida.

El arte de ser feliz o Eudemonología contiene 50 reglas que, introducidas en nuestra vida, facilitarán conseguir el estado de la satisfacción. Entre las páginas no hay nada de otro mundo, no se trata de ningún poder mágico o de algún comportamiento divino. Es simplemente razonar (algo de lo que tenemos déficit hoy en día…), contemplar y concentrarnos en las cuestiones que realemente podemos cambiar o en las que tenemos influencia. También, saber elegir lo que realmente importa, lo que tiene valor real. La envidia, los reproches contra uno mismo, lo objetivo vs. lo subjetivo, la diversidad, la serendiad… De todo eso habla el filósofo alemán.
Igualmente, hay reglas muy schopenhaurianas, muy pesimistas que, sin embargo, tienen algo de racionalidad y pueden ser un buen material para reflexiones.

Schopenhauer, a través del ingenio y la prudencia, demuestra que se puede vivir evitando los golpes de la vida y el dolor. Quizá no siempre resulta muy fácil poner todas sus reglas en práctica, no obstante, un solo intento podría resultar un ejercicio inspirador.

En todo caso, El arte de ser feliz es uno de esos libros de cabecera que vale la pena tener cerca y repasar de vez en cuando.

Reflexionar a fondo una cosa antes de ponerla en marcha, pero una vez que ya se ha hecho esto y se está a la espera del resultado, no angustiarse con repetidas consideraciones sobre los posibles riesgos, sino olvidarse de todo el asunto, mantener cerrado ese cajón del pensamiento y tranquilizarse con la convicción de que todo se ha considerado con sensatez a su debido momento. Si, no obstante, el desenlace es malo, lo es porque todas las cosas están sometidas al azar y al error. (Regla número 7, p. 41)

La definición de una existencia feliz sería la de una existencia tal que, vista de manera puramente objetiva, o (porque aquí se trata de un juicio subjetivo) con una reflexión fría y madura, fuera decididamente preferible al no ser. De tal concepto se deduce que la querríamos por sí misma, no simplemente por miedo a la muerte, y de ello a su vez que nos gustaría que tuviera una duración infinita. (Regla número 49, p. 102)

En la búsqueda de »Años Felices»

Los años felices no son páginas en blanco, tenemos que escribirlos, son el resultado de nuestros mejores esfuerzos, no pueden surgir de otra cosa, están completamente a nuestra merced.

Gonzalo Torné

La historia de un grupo de amigos que viven en Nueva York y que pueden salir de casa; ir a un bar; visitar a su familia; pasear por el parque… vista de una perspectiva de la cuarentena puede resultar muy divertida y estimulante. Mientras iba avanzando las páginas, me pusé a viajar con mi imaginación e hice un pequeño recorrido por mis momentos felices: los que pasaron y los que todavía me esperan.

Casi sin querer, empecé a comparar y mezclar mis recuerdos con los que leía en aquel momento. Creo que lo que hizo posible este intercambio instantáneo de las vida es el hecho de que los personajes de Años Felices estén tan reales. Establecer una relación con Claire, Alfred, Harry, Kevin o Jean se produce en una manera muy natural y sin esfuerzo porque cada uno de ellos representa particularidades que el lector puede encontrar también en su propia vida.

Leyendo el libro me sentí como una de ellos, formé parte de su grupo, conocí sus fuerzas y debilidades, compartí con ellos las tardes calurosas en la terraza tomando vino frío y discutiendo sobre la vida. ¡Qué fácil nos parece todo durante los veranos interminables! ¡Cuántas oportunidades nos trae el universo cuando estamos a punto de entrar en la vida adulta! La poesía, los viajes, la amistad y el amor. Y la ambición. Mucha ambición que con el tiempo parece cambiar de forma: a veces aumenta, a veces se hace muy diminuta, pero siempre nos acompaña e influye en nuestras decisiones.

Las páginas de Años Felices están repletas de la esperanza; de las promesas; de la perseverancia en nutrir la amistad; de la seguridad de que ‘todo irá bien’. Sin embargo, también hay espacio para toda clase de inquietud, porque uno cambia, los años pasan, los gestos se vuelven más bruscos, más agresivos; en las conversaciones se contrabandea la rutina, el cansancio, las dudas.

 La realidad se compone, por desgracia o por suerte, de los años felices y de los años oprimidos. Tenemos que entender de que esos primeros no aparecen solos, no son regalados, no esperan hasta que los encontremos. Dependen de nosotros, hay que buscarlos.

Años Felices, sol y café

¿Qué leer? Vol. 1

El tiempo que hemos de pasar en nuestras casas parece ser como un regalo de dios para hacer todas esas cosas para las que normalmente no encontramos un hueco en nuestras agendas. Leer, hacer ejercicios, cocinar, pintar… También, conectar con nosotros mismos y con nuestros familiares.
A lo mejor, el ser humano necesita un golpe así de fuerte de vez en cuando para aprender algunas normas, para darse cuenta de algunas cosas, de lo frágil que es nuestra vida y nuestra sociedad.
En fin, hoy no es el día para reflexiones de este tipo. Para esto habrá tiempo más tarde, cuando pasaremos más tiempo encerrados y cuando  la excitación y la exageración desaparecerá del Instagram y del resto de las redes sociales. Allí veremos realemente cómo enfrentamos la cuarentena.

Por eso, vamos ya al tema principal de este post. ¿Qué libros, según mi opinión, pueden resultar interesantes para este tiempo apocalíptico?

  • El amor en los tiempos de cólera, Gabriel García Márquez
    Como si el título no fuera suficiente (y creo que para lo que vivimos ahora es perfecto), la historia del amor entre Florentino y Fermina es muy apasionante y muy distinta de lo que estamos acostumbrados a ver y a vivir. Quizá, después de esta lectura, nos harémos un poquito más sensibles y delicados; quizás aprenderémos respetar más.
  • 100 años de soledad, Gabriel García Márquez
    Parece que Márquez escribía pensando en los lectores del siglo XXI, encerrados en sus casas. La familia Buendía somos todos nosotros: vivimos, amamos, descubrimos, viajamos, escribimos, bailamos… Todo eso lo hacemos, supuestamente, juntos. Pero, ¿quién de nosotros no ha tenido la sensación de estar completamente solo, aunque alrededor haya mucha gente?
  • Homo Deus, Yuval Noah Harari
    Antes de la crisis (y después seguramente también) nos sentíamos como dioses. Construimos casas, pueblos, ciudades, sociedades; creamos arte; podemos ver una célula minúscula y dar un paseo por la Luna. Controlamos todo, por lo menos en nuestra cabeza. Vivimos más y mejor que nuestros antepasados. No hay fronteras – ni físicas ni mentales – que no podemos cruzar. Aún así, no parecemos más felices, somos dependientes de muchos factores y un virus nuevo es capaz de paralizar todo el planeta. Algo para reflexionar.
  • Patria, Fernando Aramburu
    Empiezas y hasta que no llegues a la última página, no puedes parar. Desde la perspectiva de dos familias estamos viendo el desarrollo de la situación en Euskadi, el nacionalismo vasco y la influencia que tiene en toda la sociedad. Los personajes se convierten en tus amigos y familiares, intentas entender su punto de vista, te alegras y sufres con ellos. Patria es acercarse a la complicada situación e intentar trabajarla, progresar en algún modo con toda esa experiencia.
  • Ébano, El Emperador, La guerra del fútbol, Un día más con vida… de Ryszard Kapuściński
    Kapuściński, un periodista y ensayista polaco con su escritura muy cautivadora te muestra el mundo cruel , con su realismo duro, con historias que, muchas veces, cambiaron el rumbo de nuestro mundo. Los viajes con Kapuściński no te van a dejar indiferente. Con él, entrarás en los sitios a los que muy pocos tenían acceso.
  • Historia argentina, Rodrigo Fresán
    Una mezcla de popcultura, símbolos nacionales, historia y vida cotidiana. Son unos cuentos que, a la primera vista, no tienen mucho en común pero que compaginan en una manera muy hábil diversos puntos cuyo germen es el rompecabezas para el lector. Un ejemplo de la literatura que se transforma y reinventa a sí misma.
  • Narraciones extraordinarias, Edgar Allan Poe
    Algo de literatura con el aire gótico nunca viene mal, creo yo. Las mansiones enormes con sus ventanas cubiertas con cortinas de terciopelo negro son lugares perfectos para sumergirse en los secretos, en la magia y en la atmósfera inquietante, que te acompaña el resto del día y no te deja dormir tranquilo. Eso sí, el discurso de Poe puede resultar a veces un poco denso. Por suerte, hay otras opciones: El retrato de Dorian Grey de Oscar Wilde o Cuentos de amor de locura y de muerte de Horacio Quiroga son una alternativa perfecta para el terror moderno durante los días de lluvia.

Son unos títulos que recomendaría para hacernos más llevadero el confinamiento. Puede que parezcan demasiado largos o demasiado densos. Tampoco es una lista muy larga, son más bien mis ideas, los primeros títulos que me entraron en la cabeza. Añadiría también algo de los clásicos: Don Quijote, El maestro y Margarita, Alguien voló sobre el nido del cuco, Tolkien quizás y, para los valientes, En busca del tiempo perdido o Ulisses.

¿Y vosotrxs?
¿Alguna recomendación? ¿Qué tipo de literatura os gusta? ¿Qúe título es imprescindible en vuestras colecciones?

¡Cuídense mucho y lean mucho!

        Pat.

keep calm, stay at home and read

Viernes de Poesía: Szymborska

Hoy, el último viernes de febrero, quiero empezar con el ciclo Viernes de Poesía. La idea es parar un momento (como si fuera la meditación) y fijarnos un poquito más en los versos y estrofas, en las ideas y en los sentimientos que representan.
Cuando reviso mi pequeña biblioteca personal, me doy cuenta de que la poesía prevalece. Eso sí, es mi biblioteca española. Creo que en Polonia tengo mucho más versos en prosa: parece que, a veces, un extranjero encuentra más consuelo y más tranquilidad en lírica.

El primer poeta que realmente me atrapó – dejando al lado a los clásicos como Mickiewicz o Słowacki, cuya obra se antepone en la escuela – era Adam Asnyk. Descubrí en su poesía una energía especial, única, que me abrazaba. Hasta aprendí de memoria unos de sus poemas y pedí a una amiga que me regalase su poemario para mi cumple. Así que sí, un amor adolescente muy intenso 🙂
Asnyk vivió en unos tiempos bastante complicados, tomó parte en el Levantamiento de Enero, luchó tanto con la espada, como con la pluma.
Me parece que su poesía todavía no ha llegado al lector hispanohablante o, por lo menos, en mi búsqueda no apareció ningún dato válido…

¡Pero dejemos al lado el desasosiego, queridos hispanohablantes!

Por suerte, hay poetas de Polonia cuyos versos se puede leer en castellano. Para hoy he elegido a una poetisa muy conocida y muy importante para la literatura polaca. Aquí os presento la ganadora del Premio Nobel de Literatura del año 1996: ¡Wisława Szymborska!

En el caso de Szymborska es fácil encontrar los poemas traducidos a otros idiomas. Me considero bastante felíz por tener en mi biblioteca una edición bilingüe (que, en cuanto a la poesía, me encanta) que compré para San Jordi el año pasado.

Ahora bien, ¿por qué Wisława Szymborska?

Porque sus poemas, aunque muchas veces parecen muy simples, tratan de lo esencial, de la vida cotidiana, de la irónica realidad humana, de los tiempos en los que nos ha tocado vivir. Debajo de este lenguaje casi infantil, uno sin embargo puede encontrar mucho trabajo, mucha técnica, juegos con palabras…

Mucha incertidumbre existencial asoma de sus páginas y de sus versos, las preguntas sin respuestas, los momentos de pura felicidad y exalatación y, también, de la desesperación total. En fin, el pan nuestro de cada día.
Sus poemas, tan simples, llegan hasta las más pequeñas células. Nos señalan cuestiones que nos rodean, pero en las que nunca realmente nos fijamos. Es como si fuéramos niños otra vez y escucháramos a nuestras madres explicándonos las cuestiones básicas sobre el mundo y la vida.

Nada dos veces

Nada sucede dos veces
ni va a suceder, por eso
sin experiencia nacemos,
sin rutina moriremos.

En esta escuela del mundo
ni siendo malos alumnos
repetiremos un año,
un invierno, un verano.

No es el mismo ningún día,
no hay dos noches parecidas,
igual mirada en los ojos,
dos besos que se repitan.

Ayer mientras que tu nombre
en voz alta pronunciaban
sentí como si una rosa
cayera por la ventana.

Ahora que estamos juntos,
vuelvo la cara hacia el muro.
¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?
¿Como una flor o una piedra?

Dime por qué, mala hora,
con miedo inútil te mezclas.
Eres y por eso pasas.
Pasas, por eso eres bella.

Medio abrazados, sonrientes,
buscaremos la cordura,
aun siendo tan diferentes
cual dos gotas de agua pura.

Un día perfecto

La extensión mínima que, sin embargo, lo dice todo, te dibuja un día completo, un día ideal. Esas pequeñas imperfecciones junto con las divagaciones sobre nuestro pasado, presente y futuro; un poco de esperanza, cansancio, feminismo y consumismo; una pizca de política que influye en nuestra vida diaria. La soledad. El amor.
También, los eventos inesperados que te hacen cambiar la perspectiva, que apoyan las visiones y que nutren el espíritu.
La edición preciosa: los colores vivos y la textura de la tapa que juega con el tacto.

Este cuento me regalaron cuando cambiaba mi vida, salía de mi zona de confort y tenía miedo de perder mis días perfectos.

Por suerte, Cecilia Pavón me demostró que el día perfecto lo llevamos dentro.

Quedan pendientes otros de sus cuentos para descubrir más y mejor esa poesía proveniente de Argentina.

Un día perfecto en el parque

Forma vs. Inmadurez

La normalidad es un equilibrista sobre el abismo de la anormalidad. ¡Cuántas ocultas demencias contiene el orden cotidiano!

Con esta cita de Witold Gombrowicz (y con Gombrowicz en general) me gustaría empezar la vida de este blog. Después de sumergirme un poco en la obra de Witoldo, creo que era un hombre que conocía – y controlaba – muy bien el arte del equilibrio. Un polaco viviendo en Argentina, intentando ‘aparecer’ en la escena literaria hispanoamericana, traduciendo su Ferdydurke en un bar, sin saber muy bien el idioma (porque aún no existían diccionarios)… Este hombre que, para sobrevivir, muy a menudo buscaba ayuda de sus amigos, al mismo momento se presentaba como un conde. La vida de Gombrowicz no fue fácil y su obra refleja muy bien toda la problemática de un intelectual expatriado que, en un momento tan complicado como la Segunda Guerra Mundial habló del individuo, del peso del patriotismo y enumeraba las ventajas del exilio.

Su obra más conocida, esa que estuvo traduciendo en el Rex, publicada en el año 1937 en Polonia y en el 1947 en la Argentina, muestra la fuerza que actúa en nuestras vidas: la Inmadurez. Es la Inmadurez que influye en nuestra Forma y nos pone máscaras que cambiamos según la situación. La vida humana presentada, pues, en las páginas de Gombrowicz está muy lejos de la normalidad. El absurdo, la grotesca, el erotismo y, en toda esa amalgama, un ser, un individuo que está perdido, inmaduro, inseguro y continuamente metido en diversas situaciones que no le importan o que no entiende (la cuestión que aumenta aún más su problema con la identidad).

Aparte de Ferdydurke hay, obviamente, otros títulos. Trans-Atlántico, por ejemplo,es donde uno puede realmente apreciar la actitud adversa de Gombrowicz hacia la sola idea de la patria, la tradición, el deber, el patriotismo en sí. El hombre gombrowicziano está implicado en todo ello – muy a menudo – contra sí mismo y se encuentra un poco entre la espada y la pared. Le resulta difícil oponerse al patriotismo y, al mismo tiempo, no quiere formar parte de ello, intenta buscar su propio estilo de ser y estar, en su propio espacio.  En fin, la libertad no es tan plena como uno suele pensar. La juventud es el objeto de lucha entre la tradición y el deseo.

La lucha continua ʺGombrowicz vs. el mundoʺ se desarrolla también en las páginas de su Diario. El papel está empapado de las ideas, dudas y preguntas (muy a menudo burladoras y negativas) sobre la filosofía, sobre la vida y esa apasionada búsqueda de nosotros mismos. El punto de vista del conde Gombrowicz resulta bastante interesante porque sigue actual, plantea preguntas que inquietan también a la gente del siglo XXI, del año 2020. Seamos sinceros, ¿quién de nosotros está libre de esos pensamientos intensos sobre la Forma, la Inmadurez? ¿Hay alguien que nunca pone máscaras, nunca cambia su cara, nunca tiene ganas de rechazar la visión del mundo que se nos inculca desde pequeños…?

Bienvenidas! Bienvenidos!

Empezar siempre es difícil. Empezar y seguir exigen interés, algo de valor y necesidad. Ver una meta, un objetivo también es muy importante. Por algo hay que hacer las cosas, no? Si el ser humano nunca hubiese salido de la cueva, estaríamos ahora todos saltando entre árboles… En fin, creo que también, por otro lado (y eso es algo que estoy aprendiendo) uno tiene que disfrutar del camino. Como dijo Robert Louis Stevenson: It is better to travel hopefully than to arrive.

Escribir, para mí, siempre ha sido algo personal. En mi casa tengo un montón de diarios, poemas, comentarios y anotaciones, trabajos… pero la mayoría de las veces todo eso lo estuve guardando en mi cajón, bien seguro, lejos de los demás y sus curiosos ojos. Por eso, me costó bastante empezar con mi primer post porque – como es algo que puede leer cualquier persona – pensé y repensé casi cada palabra. Estuve dando vueltas, apuntando ideas, palabras, buscando la inspiración. Y al final llegó el día cuando dije ¡A por ello! Planear está bien pero hay que salir de la zona de confort. Puede que sea complicado, difícil, que te pongas nervioso, tengas miedo pero… también es algo muy satisfactorio, esa sensación de probar, de hacer algo por primera vez.

Igualmente, no es mi primer intento de tener un blog y publicar algo en la inmensidad del Internet. Es, sin embargo, la primera vez en castellano: me emociona y, al mismo tiempo, me da un poco de miedo. Entonces, ¿cuál es el plan? Crear un espacio de letras libres y bonitas, de ideas que crecen; un espacio para aprender, para descubrir y para divertirse. Mi idea principal es escribir sobre las cosas que ya habían escrito otros, comentar la literatura, hablar un poco sobre las letras polacas, acercarlas a un lector hispanohablante. También, comentar la literatura española e hispanoamericana de la perspectiva de una polaca y, sobre todo, leer y escribir.

Por eso, mi querido Lector, te pido paciencia y comprensión. ¡Bienvenidos todo los comentarios y la crítica constructiva!