Nunca es facíl hablar sobre los clásicos y menos aún si nos acercamos a los más aclamados y generalmente conocidos. Kafka y sus obras forman parte de la cumbre de la literatura mundial por los temas que abarca y los personajes que representa. Se trata de un individuo que, atrapado en una sociedad, en una lucha conflictiva con una instancia no es capaz de llevar a cabo sus propios proyectos. Es como si fuera un mero espectador, impotente y solitario.
Un día Samsa se despierta y ya no es él mismo. Intenta levantarse como si no hubiera pasado nada, seguir con la vida pero le resulta imposible. Ya no es útil, la socieda lo nota y, por lo tanto, le rechaza. Samsa, en su nuevo estado, ya no es productivo, no puede cumplir con sus obligaciones. Estorba en la vida perfecta de la socieda perfecta. El rechazo es inevitable y no solo por la parte del colectivo, sino también por la parte de su propia familia que siente vergüenza al vivir bajo el mismo techo con un bicho raro.
Siendo sincera, la obra de Kafka no me fascinó tanto como lo esperaba. Creo que es una metáfora de la sociedad muy acertada y que se la puede considerar un fondo para hablar de muchas cuestiones que necesitan nuestra atención. Tal vez me faltó más oposición por la parte de Samsa, la simple intención de imponerse.
Sin duda, es un libro interesante, que vale la pena leer. Kafka ayuda en cuestionarse muchas cosas, en preguntar, poner en duda… Visibiliza también la fuerte posición de las apariencias y la dificultad en luchar contra ellas.
Atravesando las páginas de Ana Karenina estuve buscando similitudes y diferencias entre los tiempos de Tolstói y los nuestros. Porque las hay, por suerte o por desgracia. Tolstói hace un retrato minucioso de la burguesía rusa, de las costumbres y de la vida que llevan. Algunos pasajes me resultaron muy difíciles para leer: el machismo, la hipocresía, la inmoralidad, las cuestiones religiosas que mandan e influyen en cada ámbito, la falta general de razonar y de comunicarse. Y todo eso, más que nada, porque muchas veces, observando nuestra sociedad me da la impresión que no ha cambiado nada.
La triste historia del amor que no pudo ser y que desde el primer momento está condenada al fracaso demuestra que ni siquiera el sentimiento en el estado más puro nos puede salvar de las severas reglas de la sociedad. Por otro lado, también subraya la necesidad de luchar por su propia felicidad, de ir en contra de la corriente y de rebelarse porque, por mucho que tengamos que pagar, vale la pena.
En el mundo de Ana Karenina, como ya sabemos, a la mujer generalmente se la considera la propiedad de la familia. Debería ser una persona educada, tranquila, obediente, religiosa y evitar los escándalos. Esto es, una buena hija, una buena esposa y una buena madre. Por otro lado tenemos a la figura del hombre. Aquí la situación es un poco menos rígida (y Tolstói lo comenta ya en las primeras páginas). La vida de un marido es bastante atrevida y desvergonzada. No hay que buscar lejos: el hermano de Ana, siendo un padre de la familia, no puede evitar tener a una amante. Es algo que no solamente se sabe, sino también que – en algún modo – se acepta. La mujer, en casos extremos, también podría tener unos ‘amigos’, no obstante, no debería en ningún momento manifestar su relación extramatrimonial.
La verdadera tragedia de Ana es querer tener una vida feliz, junto con un hombre elegido por ella y no por su familia. La mujer toma las decisiones que, en los ojos de la sociedad en la que vive, equivalen a cometer un pecado, la presentan como una mala mujer y, a veces, hasta Ana llega a verse como tal.
Soy una mala mujer, una mujer caída, pensaba Ana, pero no me gusta mentir y no puedo con la mentira. ¡Y mi marido se alimenta de ella! Lo sabe todo, lo adivina todo… ¿Cómo puede, pues, hablar con tanta tranquilidad? Si me hubiese matado o matado a Vronsky, le apreciaría. Pero no. No le interesan más que la mentira y las apariencias.
Ana Karenina, Leon Tolstói
Empecé a leer la novela porque llevaba mucho tiempo en mi lista y, como la cuarentena me encerró en casa, por fin encontré el momento perfecto. Devoré el primer tomo rápidamente y seguí con el segundo pensando muchísimo en los sentimientos de la protagonista, en sus decisiones, en su amor, su locura y, finalmente, en su último paso que Tolstói anunció ya en los primeros capítulos. A veces me ponía muy nerviosa, es cierto. A veces me cansaba – tanto como cansaba a Vronsky – con sus insinuaciones y provocaciones. Pero, en aquellos momentos, pensaba más en su soledad, en su lucha interior, en su gran fuerza y en el ostracismo que sufre. Ana quiere ser libre, quiere poder decidir sobre su amor y sobre su vida lo que, en mis ojos y, sobre todo, pensando en los tiempos en los que vive, la convierte en una protagonista feminista.
La felicidad, ¿qué es exactamente y cómo conseguirla? Arthur Schopenhauer dice que la felicidad absoluta es imposible de alcanzar pero… nos deja unas reglas que, bien aplicadas, pueden hacer nuestra vida menos dolorosa y menos aburrida.
Me compré ese libro en la Feria de Libros en Madrid el año pasado. Fue un momento importante en mi vida: cambié la ciudad y el trabajo, estaba a punto de empezar una nueva etapa. Necesitaba una señal del universo, quería hacer el primero paso respaldada, segura y en fin, bien acompañada. Schopenhauer siempre me he llamado la atención, por eso al ver El arte de ser feliz no dudé ni un minuto.
La edición es preciosa: Nórdica Libros nunca falla. La calidad de papel, la portada, los colores que usan… todo muy cuidado, hasta el más mínimo detalle. Las páginas huelen a tinta. Las ilustraciones reflejan perfectamente las ideas de Schopenhauer y lo hacen de una manera muy sencilla y evidente. Hasta concentrándose solamente en la parte gráfica, uno es capaz de entender las reglas de buena vida.
El arte de ser feliz o Eudemonología contiene 50 reglas que, introducidas en nuestra vida, facilitarán conseguir el estado de la satisfacción. Entre las páginas no hay nada de otro mundo, no se trata de ningún poder mágico o de algún comportamiento divino. Es simplemente razonar (algo de lo que tenemos déficit hoy en día…), contemplar y concentrarnos en las cuestiones que realemente podemos cambiar o en las que tenemos influencia. También, saber elegir lo que realmente importa, lo que tiene valor real. La envidia, los reproches contra uno mismo, lo objetivo vs. lo subjetivo, la diversidad, la serendiad… De todo eso habla el filósofo alemán. Igualmente, hay reglas muy schopenhaurianas, muy pesimistas que, sin embargo, tienen algo de racionalidad y pueden ser un buen material para reflexiones.
Schopenhauer, a través del ingenio y la prudencia, demuestra que se puede vivir evitando los golpes de la vida y el dolor. Quizá no siempre resulta muy fácil poner todas sus reglas en práctica, no obstante, un solo intento podría resultar un ejercicio inspirador.
En todo caso, El arte de ser feliz es uno de esos libros de cabecera que vale la pena tener cerca y repasar de vez en cuando.
Reflexionar a fondo una cosa antes de ponerla en marcha, pero una vez que ya se ha hecho esto y se está a la espera del resultado, no angustiarse con repetidas consideraciones sobre los posibles riesgos, sino olvidarse de todo el asunto, mantener cerrado ese cajón del pensamiento y tranquilizarse con la convicción de que todo se ha considerado con sensatez a su debido momento. Si, no obstante, el desenlace es malo, lo es porque todas las cosas están sometidas al azar y al error. (Regla número 7, p. 41)
La definición de una existencia feliz sería la de una existencia tal que, vista de manera puramente objetiva, o (porque aquí se trata de un juicio subjetivo) con una reflexión fría y madura, fuera decididamente preferible al no ser. De tal concepto se deduce que la querríamos por sí misma, no simplemente por miedo a la muerte, y de ello a su vez que nos gustaría que tuviera una duración infinita. (Regla número 49, p. 102)