Hay muchísimas cosas que me gustaría escribir sobre este libro pero me limito a las emociones más intensas que despertó en mí la historia de Adso y de Guillermo de Baskerville. Creo que me ha impactado mucho más que lo esperaba. Normalmente no soy muy de novela policíaca pero lo que sí me gusta es el misterio, los libros perdidos y las bibliotecas que guardan secretos.
Tengo que reconocer que habían fragmentos que me costaron mucho, sobre todo las enumeraciones: los santos, las bestias, etc. La visión de Adso, por ejemplo, me mareó un poco. Por otro lado, es fascinante la descripción de los lugares que dibuja Eco: el plano de la biblioteca, las salas con sus salidas y entradas… Aunque agradezco mucho el esquema adjunto, porque mi imaginación me falló cuando intenté recrear el mapa en mi cabeza 😉 También me robó el corazón el capítulo que habla del amor como si fuera una enfermedad. Diría que es lo más bonito que he leído esa cuarentena.
El nombre de la rosa toca todas las emociones – esas buenas y malas también. Las cuestiones relgiosas y, sobre todo, el personaje de Jorge de Burgos con sus monólogos sobre Anticristo despertaban en mí el odio puro, de verdad. Leía sobre los conflictos entre los monjes, diferentes modos de ver la herejía, discusiones sobre maneras de creer y pensaba en todo el mal que salió de los monasterios y de la iglesia en general.
Terminando el libro, me sentí un poco apagada, melancólica quizás, privada de algo bonito, de algo importante. Era esa sensación de “quiero olvidar lo que acabo de leer para poder leerlo otra vez y con la misma conmoción”. Releí el último fragmento un par de veces para asegurarme de que ya había llegado el final y que Adso terminó su crónica.
No sé cómo y en qué momento exactamente pero El nombre de la rosa me enamoró. Y será el amor duradero, de eso no tengo la menor duda.
¿Alguien más por aquí comparte mi fascinación?
¡Espero vuestros comentarios!


Diana Chmiel @bardziejlubieksiazki